Disney

El Viaje más Feliz de mi Vida

La inocencia de la niñez… aunque no me notaba muy convencida…

Siempre voy a recordar la edad en que la llama viajera se prendió dentro de mi. Tenía unos 5 años cuando ya tenía mi primer destino viajero claro: DISNEY.

Si, todo gracias a un VHS que mi abuela tenía en su casa en donde mostraban los parques con un musical de Peter Pan, ahí comenzó a crearse el sueño y las ansias de viajar.

Unos tres años después, en Chile, daban un programa para niños llamado Cachureos (¿Habrá algún compatriota leyéndome por ahí?, si es así, déjame un comentario) este particular programa que durante todo el año era aburridísimo, tuvo un momento de pick glorioso en mi vida: El Verano de 1996.

Ese verano especial, todo el equipo de producción del programa viajó a los parques de Disney a grabar ( al verano siguiente fueron a Universal Studio).

Esos dos veranos marcaron mi espíritu viajero, pero no crean que mi mamá me consintió a esa edad con ese viaje, ¡No Señor!, tuve que rogarle a lo largo de los años muchísimas veces.

¡Mamá Por Favor!

La primera vez que le rogué a mis papás para que me llevaran fue ese mismo verano, tenía al rededor de 9 años. Claramente me dijeron que no, porque tenía dos pequeños problemas que no me permitieron convencer a mi madre: Mi dos hermanas mellizas de tres años (Dada y Ari). A partir de ese verano, todos los años le insistía a mi mamá y siempre había un problema para no ir.

A medida que fueron pasando los años, baje mi insistencia con respecto a ese viaje, pero nunca lo olvidaba. Cuando ya estaba terminando mi carrera había decidido hacerlo por mi cuenta una vez que hubiese trabajado y ahorrado algo, cuando el milagro ocurrió:

– Mamá: Yaelita, te tengo una sorpresa.

– Yo: (con una cuota de sarcasmo y esperanza le respondo) ¡¿Vamos a Disney?!

– Mamá: ¡Sí! ¿Cómo lo supiste?

– Yo: La abracé y me puse a saltar en plena calle.

Tenía 27 años y al fin tendría ese viaje que siempre había esperado. A partir de ese día durante cinco meses me dediqué a escuchar toda la playlist de Disney de Spotify una y otra y otra vez. (Te la dejo aquí por si quieres amenizar la lectura):

¡Comienza el Viaje!

El 15 de Febrero del 2015, abordaba el avión que me llevaba junto a mi familia mi viaje soñado. Tenía ese cosquilleo especial en el estómago, llevábamos las maletas relativamente livianas (No se que se nos pasó por la cabeza a mi familia y a mi, que teníamos que llevar ropa de verano…) y desbordábamos de energía pese a que el vuelo salía en la madrugada.

Hicimos escala en Miami y luego tomamos vuelo a Orlando. Ya de por si los aeropuertos tenían la onda mágica de los parques. Llegamos a un hotel que estaba muy bien, en Orlando mismo, no dentro de los parques. No

Party Taxi

podía haber estado mejor, pedimos un taxi para ir a pasear a un mall llamado Lake Buena Vista Factory Outlet que quedaba en las cercanías del lugar y que la verdad a nosotros nos encantó (totalmente recomendado).

Ese taxi es el más extraño que he tomado alguna vez en mi vida, creemos con mis hermanas que quizás era taxi party de noche, porque tenía un olor a cigarro muy impregnado y una pierna plástica de adorno entre otras cosas (WTF?).

Al día siguiente nos levantamos muy temprano, bajamos a desayunar (¡Sorpresa! ¡Waffles con formma de Mickey!) y salimos a tomar el bus gratuito que pasaba por nuestro Hotel. Este bus te deja en el parque Epcot (No todos los hoteles tienen, tienes que fijarte, algunos tienen buses a Universal Studios u otros parques o a todos los parques, tienes que ver bien).

Ahí yo ya estaba con los ojos fuera de sus cuencas. Cambiamos los tickets por las tarjetas que nos permitía la entrada a los parques y el acceso a los juegos y nos subimos a un tren que conecta Epcot con todos los otros parques.

Obviamente que el primer parque que iríamos a ver sería el Magic Kingdom. El corazón me saltaba todo el tiempo. Nos bajamos del tren y tomamos un barco que cruza hacia el parque. Al desembarcar todo era lindo, realmente era un mundo mágico. Todas las construcciones eran preciosas lleno de detalles. El piso tenía unas incrustaciones metálicas con forma de Mickey. A penas cruce las puertas y me vi dentro del parque tuve mi primer llanto de felicidad.


Se que para muchos debe ser sumamente exagerado leer que lloré ahí, si eso te molesta, te recomiendo que no sigas leyendo esta entrada, porque aún faltan más momentos de llanto.

Caminamos por la calle principal, siguiendo un mapa que nos entregaron y a la vez a la masa. La verdad lo único que quería ver era el castillo y la plaza que está frente al castillo, pero para mi mala suerte (porque tengo mucha mala suerte) la plaza la estaban arreglando así que la tenían cubierta con unos paneles.

Nos tomamos las fotos respectivas y fuimos a nuestro primer juego. Me detendré aquí para darte un tip y que no te pase lo que nos paso a nosotros: Existe una app de los parques de Disney que tiene incorporado un mapa y no solo eso, te dice los tiempos de espera que hay para cada juego. Además los parques de Disney tienen Wifi gratuito para que puedas ocupar la App. Con eso puedes ahorrarte mucho tiempo.También existe la opción de FastPass, en el cual puedes saltarte la cola de algunos juegos (Averigua bien esto).

Recorriendo el Magic Kigdom

Nuestro primer juego fue la montaña rusa de Blancanieves. Tuvimos que esperar una hora para poder subir a los carros, pero el tiempo de espera fue bastante entretenido. En este punto debo decir que tengo mucha suerte, con mi familia somos muy unidos y lo pasamos muy bien cuando viajamos todos. Obviamente que de repente hay peleas, pero son mínimas, así que hacer la cola los cinco juntos fue muy divertido.

Mi mamá estaba tan entretenida jugando a los juegos que ponen en la cola, que de hecho se quedo atrás y tuvo que pedir permiso para llegar donde nosotros estábamos, era la única adulta jugando con un grupo de niños de entre cinco y siete años (queda demostrado que la edad se lleva por dentro).

Luego de bajar de ese juego, el cual no disfrute tanto porque quise grabar y después me di cuenta que era una tontería por lo que no lo hice más, fuimos a tomarnos unas fotos a la fuente del pueblo de La Bella y La Bestia y luego enfilamos emocionadísimos a la casa de los espíritus.

El parque es sumamente grande, para poder recorrerlo entero como corresponde, verlo bien y disfrutarlo se necesitan dos días, nosotros solo teníamos un día por parque y habíamos decidido sacrificar uno de los parques de Disney por un día en uno de los parques de Universal Studios, así que teníamos que aprovechar las horas ( otro tip, tienes que ir con alguien que esté dispuesto a correr como tú, este fue el único punto negativo de mis papas que insistían en que nos sentáramos a almorzar).

A las doce del día empezaba el desfile típico de las carrozas con los personajes (soy esa clase de turista que en Disney no se saca foto con los personajes… lo encuentro una pérdida considerable de tiempo, porque hay que hacer cola para eso también. En todos los parques de Orlando, la fila y la espera para subir a los juegos, consumen tu vida).

Ahora pon atención a lo que te contaré:

Con la Dada (una de mis hermanas) encontramos unos puestos espectaculares para ver este desfile, así que decidimos sentarnos para verlo. Lo disfrutamos muchísimo, nuevamente se me cayeron un par de lágrimas, pero tras terminar el show descubrimos el porqué de nuestra suerte: Nos habíamos sentado donde al parecer un niño había vomitado. Lo que restaba de día lo vivimos con un apestoso olor a vómito que nos seguíamos fuéramos donde fuéramos.

Hicimos unas paradas rápidas al baño (mis hermanas viven en el baño), y en esa espera me compre mis orejitas de Mickey Mouse que siempre había querido (Lo siento Minnie Mouse, no eres mi preferida solo por el hecho de ser mujer).

Continuamos apestosamente nuestro día, tratando de abarcar la mayor cantidad de atracciones posibles, cuando de repente comenzó a llover sin parar. Mis papás habían leído que esto podía pasar, así que habían comprado unos impermeables verde musgo que nos hacía destacar frente a los mies de impermeables blancos marca Disney del Parque. Producto de la lluvia, nos refugiamos a ver una película en el cine dentro del parque. Estaban pasando una película 4D del Pato Donald que nos dejó a los cinco sumamente extasiados.

Tras salir del cine con mi hermana Ari decidimos ir a otra montaña rusa, el Big Thunder Mountain Railroad. Ari es mi partner para esa clase de cosas que involucran adrenalina. Al bajarnos veníamos sumamente excitadas con la emoción, por lo que fuimos a insistirles a la Dada y mi mamá que nos subiéramos al juego más conocido de todo Magic Kingdom: El Splash Mountain.

El Splash Mountain, es la del tronco que cae de una catarata ¿Te suena conocido?. En fin, lo que te contaré ahora te demostrará aún más mi mala suerte:

A mi madre no le agradan las montañas rusas. Se subió hasta ese momento solo a la de Blancanieves porque la encontró pequeña, pero a ninguna otra. Le insistí muchísimo, hasta que por cansancio me dijo que si. Así que las cuatro mujeres con lluvia y todo enfilamos hasta el Splash Mountain.

Cuando estábamos ya sentadas y con el juego en marcha, mi mamá comenzó a ponerse muy nerviosa, diciéndonos que se quería bajar, justo en el momento en el que se suponía que el tronco caería por la catarata…- Siempre hemos pensado que mi mamá tiene una especie de poder psiquico- Entonces, estábamos esperando a que el tronco cayera, cuando el juego se detuvo, nos tuvieron 10 minutos parados dentro de el.

Finalmente terminaron evacuándonos por las escaleras de emergencia del juego. Hasta el día de hoy le damos las gracias a mi mamá por sus energías poderosas (ironía) y ella se siente orgullosa de decir que ella presentía que “algo andaba mal”.

Luego de eso fuimos a comer algo, a visitar las últimas atracciones (como el juego de los Piratas del Caribe) y a visitar las tiendas para esperar el show que clausura. Las tiendas son preciosas, existen de todas las películas o con temáticas especiales. Recuerdo que la que más le llamo la atención a mi mamá era una tienda dedicada a la navidad, donde todos los adornos eran de Mickey o Minnie o Algo.

Las gotas no ayudan mucho a la definición de las fotos (Perdón)

Yo aproveche de comprar varios regalos, además de ropa que no dudé en utilizar en ese mismo momento: Un polerón/ Sweater y una chaqueta, pues como recordaras, en nuestras ilusas mentes pensamos qu
e haría calor, así que solo llevamos ropa liviana y justo nosotros habíamos ido en la fecha del invierno más helado en los últimos 40 años de Estados Unidos (¿recuerdas cuando se congelaron las Cataratas del Niagara?), pues en ese momento yo estaba en Disney congelada hasta los huesos, estilando y con olor a vómito, pero nada importaba, porque era feliz.

El Magic Kingdom se encendió, era la hora del desfile nocturno con carros iluminados que te hacían sentir la magia. No importaba la lluvia, no importaba el frío, porque estaba ahí, en un lugar que no me hacía sentir culpable de disfrutar como una niña porque todos estábamos en las mismas, incluso mi papá que no le interesaba Disney en un principio y que en este día que estaba acabando, había disfrutado como si la idea hubiese sido suya.

Luego de ese desfile, fuimos a comprar un poco de chocolate caliente y unos muffins para comer y esperar las 12 de la noche, momento en el cuál se hace el show de cierre del parque. Yo ese show de cierre lo había visto varias veces por YouTube, pero lo que presencie no tiene comparación.

En el castillo se proyectaban muchas partes de películas, tanto nuevas como viejas, mientras Campanita aparece volando sobre el castillo.

El juego de luces, la música, las proyecciones, el ambiente, la lluvia, las ganas, la niñez y la madurez mezcladas en una emoción única y final, me hicieron llorar como no pasaba hace mucho tiempo, con una felicidad pura y completa.

Hasta el día de hoy mi papá disfruta burlándose de mi, yo aún me siento transparente por aquello, así que no me importa demasiado.

Finalizando el Primer Día de Magia en el mundo de Disney

Terminado el show final, todos los asistentes al parque comenzamos a remontar el camino de regreso. Todos estábamos felices, pese al dolor de pies que me obligó a quitarme las zapatillas y caminar a pies descalzos con 7ºC. El barco avanzo a la misma velocidad con la que se movió en la mañana, pero el trayecto se me hizo mucho más corto. El tren que tomamos fue el último que salía del Magic Kingdom.

Llegamos al mismo lugar en el que bus nos había dejado y allí esperamos a que nos fueran a buscar. El frío nos calaba los huesos, pero eso no nos bajo la moral. Para los cinco había sido uno de los días más bonitos de nuestras vidas y eso que solo había sido el primero.

Espero que este relato te haya gustado. Si quieres saber como fue el resto del viaje, déjanos un comentario!

Un abrazo

Yaelcilla

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